¿A SU IMAGEN Y SEMEJANZA? ¡ANDA YA!!

 

He visto que los nudibranquios —unos estéticos animales marinos— son hermafroditas, y al copular, cada uno fecunda al otro y es a su vez fecundado. Entre los nudibranquios pues, no hay seres femeninos ni masculinos, y también se lo pasan pipa.
Si el buen Dios nos hubiera hecho así, no cabría entre nosotros discriminación alguna por razón de sexo, no habría sido necesaria la lucha de la mujer ni de los homosexuales por la igualdad, no habría violencia de género ni homofóbica. Nos ahorraríamos muchas incomprensiones e injusticias, y horribles crímenes como el de Orlando.
Y no es que no se le ocurriera la idea, al buen Dios: los nudibranquios fueron creados mucho antes que nosotros.
Luego tiene el santo rostro de decirnos que nos hizo a su imagen y semejanza, ¡como si hubiera algún Dios del otro género en su cielo!
También la existencia de la medusa dorada me ha hecho pensar. La medusa dorada no tiene enemigos porque no es comestible. Tampoco tiene que agotarse cazando a otros animales ni buscando vegetales para su alimentación porque cultiva en su interior unas larvas que transforman la energía del sol en alimento para ellas. Llevan una vida regalada, no necesitan de nada, ni armas ni velocidad ni dinero.
El buen Dios podría habernos concedido esas habilidades ¿no? De haberlo hecho no existiría violencia entre nosotros, desaparecería la pobreza, el tiburón financiero, las guerras, los holocaustos… ¡Vaya cambio!
¡Ah!, pero Él no se harta de decir que somos su criatura preferida, la elegida para convivir en su paraíso por el resto de la eternidad. Pues, la verdad…
Nos hizo sabrosones, víctimas propiciatorias de infinidad de depredadores. Y nos obligó a cazar para sobrevivir. Sin embargo nos puso unas piernas menos veloces, mucho menos, que las de nuestros enemigos, esos que se nos quieren comer; y nos concedió unas armas para cazar y defendernos francamente pobres: con unos dientes incomparables a los de la mayoría de nuestros depredadores, careciendo de esos peligrosos cuernos que sí les facilitó a muchos herbívoros, y sin esos prácticos cascos que a otros les permiten correr por cualquier terreno sin lastimarse los pies.
Pues vaya, gracias. ¿A qué jugaba? Y lo mejor es nuevamente su insistencia en afirmar que nos hizo a su imagen y semejanza. Claro, como que a Él se lo quieren comer cientos de animales hambrientos y se pasa la vida agotándose en busca de alimento. Vaya rostro. Nada que ver lo que dice con la realidad de la calle. Si fuera ciudadano de esta piel de toro ya sé yo a quién votaría, nuestro Dios.
En fin, el mal esta hecho, nada que hacer ya. En cuanto a mí, voy a tener que dejar de ver Natural Geografic o me acabaré pasando definitivamente al otro bando, que cada día entiendo mejor a Lucifer, el ángel rebelde. Quizá el creador se portó con ellos como con nosotros, si no peor. Quién sabe cuál sería su lista de quejas, sus razones para la indignación.

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